قَالَ
ءَامَنتُمۡ
لَهُۥ
قَبۡلَ
أَنۡ
ءَاذَنَ
لَكُمۡۖ
إِنَّهُۥ
لَكَبِيرُكُمُ
ٱلَّذِي
عَلَّمَكُمُ
ٱلسِّحۡرَۖ
فَلَأُقَطِّعَنَّ
أَيۡدِيَكُمۡ
وَأَرۡجُلَكُم
مِّنۡ
خِلَٰفٖ
وَلَأُصَلِّبَنَّكُمۡ
فِي
جُذُوعِ
ٱلنَّخۡلِ
وَلَتَعۡلَمُنَّ
أَيُّنَآ
أَشَدُّ
عَذَابٗا
وَأَبۡقَىٰ
٧١
Dijo [el Faraón enfurecido]: “¿Acaso van a creer en él sin que yo se los haya autorizado? Seguramente él es su maestro que les ha enseñado la magia. Ordenaré que se les ampute la mano y el pie opuestos, y luego los haré clavar sobre troncos de palmera. Así sabrán quién es el que puede infligir el castigo más severo y duradero”.