فَقَالَ
إِنِّيٓ
أَحۡبَبۡتُ
حُبَّ
ٱلۡخَيۡرِ
عَن
ذِكۡرِ
رَبِّي
حَتَّىٰ
تَوَارَتۡ
بِٱلۡحِجَابِ
٣٢
[y, tras permanecer toda la tarde observándolos, descuidó sus oraciones, entonces Salomón] dijo: “¡Cómo he podido preferir estos caballos al recuerdo de Dios hasta que el Sol se ocultó!”1.