Sigue la religión (de Al-lah aferrándote a ella, ¡oh, Muhammad!), la adoración pura, sincera y exclusiva a Al-lah que es la fitrah (o inclinación natural) con la que Al-lah creó al hombre1. Su religión2 no debe modificarse. Esta es la religión verdadera, pero la mayoría de los hombres no lo saben.