¡Oh, creyentes!, no recen en estado de embriaguez1, sino que háganlo cuando sepan lo que dicen; ni vayan a las mezquitas en estado de impureza sexual hasta que se purifiquen con un baño completo, a menos que pasen por ellas solo para salir por otra puerta,2 y no permanezcan en ellas. Y si estuvieran enfermos o de viaje, o viniese alguno de ustedes de hacer sus necesidades o hubiesen tenido contacto sexual con sus mujeres y no encontrasen agua, purifíquense con tierra limpia y pura3 (sacudiendo en ella las manos y eliminando el exceso de tierra), pasando las manos por los rostros y frotándoselas (a continuación). Ciertamente, Al-lah es Benévolo e Indulgente.