Ciertamente, las puertas del cielo no se abrirán para quienes desmintieron Nuestras pruebas (sobre Nuestra unicidad, así como Nuestra revelación) y las rechazaron por orgullo, ni entrarán en el Paraíso hasta que un camello1 sea capaz de pasar por el ojo de una aguja. Así es como retribuimos a los pecadores que niegan la verdad.