Y así es como muchos de los demonios a los que obedecen (los idólatras) engañan a estos para que les parezca bien matar a sus hijos1 con el fin de provocar su destrucción y de confundirlos en su religión. Y si Al-lah hubiese querido, no lo habrían hecho. Déjalos, pues (¡oh, Muhammad!), con las mentiras que inventan.