El día en que el Espíritu1 junto con los demás ángeles se pongan en fila, nadie hablará, salvo aquel a quien el Compasivo se lo permita, y solo podrá decir la verdad.
Les he advertido de este castigo inminente. Ese día cada ser humano ha de contemplar sus obras, y entonces dirá quien haya desmentido el Mensaje: “¡Ojalá fuera polvo [para no ser juzgado]!”