۞ وَٱذۡكُرۡ
أَخَا
عَادٍ
إِذۡ
أَنذَرَ
قَوۡمَهُۥ
بِٱلۡأَحۡقَافِ
وَقَدۡ
خَلَتِ
ٱلنُّذُرُ
مِنۢ
بَيۡنِ
يَدَيۡهِ
وَمِنۡ
خَلۡفِهِۦٓ
أَلَّا
تَعۡبُدُوٓاْ
إِلَّا
ٱللَّهَ
إِنِّيٓ
أَخَافُ
عَلَيۡكُمۡ
عَذَابَ
يَوۡمٍ
عَظِيمٖ
٢١
Y recuerda [¡Oh, Mujámmad!] al hermano de la tribu de ‘Ad, [el Profeta Hud] cuando advirtió a su pueblo en las dunas [donde habitaban]. Todos los Mensajeros que fueron enviados, antes y después de él1, decían a sus pueblos: “No adoren sino a Dios, temo que los azote el castigo de un día terrible2”.